viernes, 29 de junio de 2012

Primera anotación

En esta ocasión habíamos llegado a un pueblo con pinta de muy antiguo y repleto de tradiciones e historias, perfecto para dos cazadores de cuentos como mi hermano y yo. Lo recuerdo bien, ya era muy noche cuando nos dejamos guiar por las estrellas y vimos como un montón de luces nos atraían en su dirección.

-Tengamos cuidado Will, en los pueblos pequeños como este no siempre reciben bien a los forasteros-trato de advertirme mi hermano.

 -Jacob, siempre te preocupas demasiado.

Aún que el pueblo no parecía estar a más de un par de minutos de caminata sentía que fueron horas enteras las que tuvimos que viajar para poder llegar hasta donde se encontraba. Pese a ello llegamos al pueblo, inmediatamente llamo nuestra atención un marco gigante de madera pintado de rojo en el que la línea horizontal superior sobresalía por ambos extremos.

 -Una puerta torii, ¿Sabes para qué sirven?

-¿Y cómo esperas qué lo sepa? ¡Se supone que el listo eres tú!

-Pequeño Will, esta estructura evita que los malos espíritus entren en la aldea.

Cruzamos aquella magnifica muestra de arquitectura nativa con cierto asombro de los detalles tallados en la madera: escenas maravillosas de la vida estos pobladores, como la pesca de Goldeen en el río cercano o la siembra de los campos en la primavera. Supuse que el motivo de aquellos adornos no era otro que el evitar que los malos espíritus que no podían entrar a la aldea afectaran, a modo de venganza, las actividades que se tenían que realizar fuera de ella.

Inmediatamente a nuestro encuentro salieron los hombres del pueblo, mayoritariamente ancianos y uno que otro niño curioso al que había despertado nuestra llegada. Tras preguntarnos nuestros nombres y el motivo de la visita inesperada nos ofrecieron un lecho en el establo de uno de los aldeanos, nunca rechazamos una comida y un sitio para dormir gratis.

Al entrar en la humilde casa de nuestro anfitrión, el cual dijo llamarse Noboru, pudimos percatarnos de que era un pueblo mayoritariamente campesino, pues los instrumentos de labranza estaban justamente en la entrada para evitar el perder tiempo llendo a recogerlos o dejarlos tras terminar el trabajo en los campos.

Pese a que no eran particularmente prósperos Noboru y su esposa nos ofrecieron un enorme bol lleno de arroz frito y un par de tiras de Goldeen secas, más importante aún, nos rectificaron su invitación a usar el heno en su establo a modo de cama y un desayuno abundante por la mañana.

A diferencia de otras ocasiones en aquel establo dormimos estupendamente, al menos así fue por mi parte, aún cuando el ruido de los Tauros por la noche no fue un arrullo precisamente. Como fuese por la mañana estábamos repletos de energía y proseguimos a realizar nuestras actividades rutinarias: Mientras que Jacob se encargaba de consultar a los viejos del pueblo sobre las historias que se transmitían de padres a hijos yo tendría que encargarme de dibujar todo aquello que me llamase la atención, tarea que no me desagradaba especialmente pero que tras realizar miles de veces comenzaba a hartarme.

Fue mientras que trataba de plasmar el proceso de herrado de un Ponyta pequeño que encontramos justo con lo que buscábamos. Un niño pequeño llego llorando buscando a su padre, al cual informo de la pérdida de su valioso pokémon y compañero, un Nincada. Al parecer ambos jugueteaban en la hierba cerca del bosque cuando una manada de Venipede salvajes los atacaron por sorpresa.

Ante la noticia un viejo con apariencia venerable se levanto de una silla cercana con rapidez.

-Déjalo niño, mañana a primera hora los hombres del pueblo y yo iremos a buscarlo, pero no hoy.

Esto llamo la atención de Jacob que dejo de lado la entrevista con el jefe de la aldea para interrogar a aquel anciano sobre el motivo de postergación de la búsqueda.

-Los Nincada que se adentran en el bosque son contaminados con los malos espíritus, especialmente si son abandonados por su compañero aún cuando sea un accidente.

Pese a ello la curiosidad de Jacob estaba encaminada y las supersticiones locales no le impedirían ir en la búsqueda de aquel Nincada, sea por querer ayudar al niño o simplemente por averiguar la razón del temor a ir en la búsqueda del pequeño escarabajo.

Esa misma noche tras cenar nos dirigimos al bosque local no sin antes recibir la advertencia de los peligros que puede traer el desobedecer los sabios consejos de aquellos que por seguirlos han conseguido vivir lo suficiente para transmitir este conocimiento.

El bosque no era precisamente aterrador, la luna llena y los escuálidos árboles nos permitían tener una vista perfecta de nuestro alrededor, sin embargo parecía que aquél mar de vegetación y ramas se extendía casi infinitamente frente a nosotros.

-Nos llevara años buscarlo.

-Para eso tenemos a Merlín.

Merlín era el Noctowl de Jacob, un búho viejo y mal humorado que se enfadaba siempre que era llamado al servicio, pese a ello era un pokémon fiel y sabio que nunca dudaba en ayudar a su entrenador siempre y cuando este conservara los modales y pidiera las cosas por favor.

-Por favor, busca a un Nincada en este bosque, cuando lo encuentres regresa para informarnos su ubicación y trata de no meterte en líos innecesarios.

Al escuchar sus órdenes el viejo búho emprendió el vuelo adentrándose en las profundidades del bosque hasta que eventualmente se perdió en el espesor de las sombras del horizonte.

-Nosotros continuaremos con nuestra búsqueda.

La caminata nuevamente se volvió eterna y por lo que me parecieron horas atravesamos aquel bosque de infinitos caminos que llevaban a ningún sitio, aún cuando nuestro destino no era ningún lugar.

Pese a ello Jacob logro encontrar una especie de santuario consagrado a los dioses menores en el cual una varita de incienso ardía con cierta lentitud tranquilizadora. Alrededor del santuario una cigarra revoloteaba lentamente, un Ninjask; son pocas las oportunidades de poder apreciar a semejante insecto volando con tal lentitud, sin embargo al percatarse de nuestra presencia se esfumo en un rápido vuelo.

Jacob, curioso como de costumbre se acerco al santuario para verificar su interior y para su sorpresa hallo la piel seca que el Nincada dejo atrás durante su mudanza de cuerpo. Pero al intentar tomarla el anciano apareció justo detrás de nosotros y lanzo una advertencia más.

-Si miras su espalda te robara el alma, joven.

Mi hermano puede ser un hombre curioso, pero sabe cuándo es mejor detenerse. Eso marco el final de nuestra búsqueda por esa noche, pero yo juraría haber escuchado un susurro provenir de aquel santuario.

A la mañana siguiente descubrimos que el Ninjask había regresado con su dueño, y con ello proseguimos a retirarnos de la aldea. Noboru se negó a recibir dinero como agradecimiento por darnos un techo y comida, pese a ello le dejamos una pequeña sorpresa económica en el establo.