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domingo, 22 de enero de 2012

Lobo y la dificultad de los videojuegos

Un tema que entra en controversia frecuentemente es el de la dificultad de los videojuegos actuales en comparación a sus antecesores de 24, 16 y 8 bits. Al escuchar una plática como esa no puedo evitar pensar en que no hay ni punto de comparación, un videojuego actual no tiene la dificultad de un juego de plataformas de los viejos tiempos.

Comencemos a analizar esta afirmación:

No necesitamos remontarnos a mucho tiempo atrás (pues los videojuegos son algo relativamente moderno y por lo tanto no tienen tanta historia como lo tendría el cine) y regresar a los 90’s, una época donde la industria de los videojuegos estaba enfocada en su mayoría a un público gamer que tuviera el tiempo y la paciencia de terminarse el Súper Mario Bros. World o invertirle días y quizá semanas o incluso meses a la titánica tarea de levelear a sus personajes de los múltiples RPG que comenzaban a tomar fuerza en la industria (Un ejemplo de ello son la saga de “Tales of” en los que ganar niveles es un poco difícil si no se sabe donde hacerlo).

Otro de los puntos a reflexionar son las árcade (llamadas maquinitas en mi infancia), infernales aparatos instalados en las tiendas y en centros de entretenimiento cuyo propósito era vaciar por completo los bolsillos de los pobres e inocentes niños, no hace falta destacar que lo lograban.

Los videojuegos destinados a las maquinitas eran especialmente difíciles causando que quien quisiera terminarse el primer metal Slug debería contar con mucho dinero y/o una gran habilidad. Eran los años en que los muchachos dedicaban esfuerzo, sufrimiento y monedas en descubrir la debilidad del jefe final de un videojuego para después impresionar a los más jóvenes e inexpertos con movimientos que los demás solo soñábamos con hacer.

Ahora regresemos a la época actual, la industria de los videojuegos ya no está enfocada a muchachos que gastan toneladas de dinero en practicar los combos de los múltiples juegos de pelea (y por practicar se entiende mover la palanquita y presionar botones al azar), la industria actual enfoca sus videojuegos hacia personas que juegan esporádicamente o que no tienen el tiempo para llevar acabo grandes proezas de proporciones bíblicas como lo fueron final fantasy 6 o 7.

Con esto no quiero desmeritar a los juegos actuales, soy un gran fanático de “The elder scrolls v: skyrim” pero si quiero un buen rol realista saco mis viejos manuales y mis dados de diez caras.

El punto que intento demostrar es que ahora los videojuegos no representan un reto, esto podría ser debido a que ya están más enfocados a las partidas multijugador, en esos sitios la dificultad aumenta exponencialmente pero no es el juego en si lo que da la dificultad, si no las personas que juegan en línea pues es frecuente encontrarse con verdaderos francotiradores entrenados o por el contrario con soldados que están tejiendo bufandas en medio de una masacre.

Quizá es que los hardcore gamers como yo extrañamos los viejos tiempos, pero yo les propongo un desafío: jueguen I wanna be the guy y compárenlo con otros videojuegos, en mis tiempos el termino plataformero injusto no existía, todos los juegos de plataformas eran injustos.

lunes, 16 de enero de 2012

Capitulo 4: La insoportable levedad del ser

-¿Algo importante que tratar?-pregunto Alex Hornet para romper el silencio sepulcral que reinaba en la vacía cafetería debido a la hora.

Writer se levanto de su asiento y dirigió una severa mirada hacia Alex, este no le presto importancia a la mirada hostil de su amigo, estaba demasiado ocupado en pensar sobre el argumento de su siguiente película, los problemas económicos que enfrentaban sus producciones o simplemente en que necesitaba un cigarrillo.

-No los llame solo para tomarnos un café-aclaro Writer-Estamos reunidos aquí para…

-¿Celebrar la unión de dos personas en santo matrimonio?-pregunto con comicidad Francisco, el hombre.

-Para planear un contra ataque para evitar que esta abominación continúe avanzando.

En el centro de la mesa se encontraba la revista de la semana; rápidamente Francisco y Alex dedujeron el origen de la ira de su amigo, la novela de su ex novia se había convertido en un éxito, y para peor, un éxito comercial.

-Si mis deducciones son correctas no faltara mucho para que este fenómeno se convierta en parte de la cultura popular.

-En ese momento tendremos otro Crepúsculo entre manos-rectifico la joven dependienta.

Francisco, el hombre, no le prestaba demasiada importancia a los berrinches infantiles de Writer “Pura envidia” pensó por un momento, sin embargo, recordó el drama que sufrió cuando su mujer, Brenda, la gitana, se obsesiono con cierta saga de vampiros afeminados.

-No entiendo el porqué del odio por esta pobre chica, solo intenta ganarse la vida- dijo Alex mientras hojeaba la revista.

-Lo que ocurre es que ella esta escalando puestos rápidamente…

-Al igual que tú en tu tiempo- Alex no le permitió terminar de contestar- ¿Recuerdas acaso tus inicios en la editorial? ¿Cómo tus depresivas novelas eran lo que estaba de moda?

-Esto es una cosa distinta, esta vez tenemos…

La reunión transcurrió entre silencios, chistes baratos y alcohol de contrabando que realmente no alcoholizaba si no que insensibilizaba el alma y el cuerpo permitiendo que las penas dejaran de ser pesadas losas en sus espaldas y se convirtieran en un conjunto de borrosas experiencias.

Al final no se llego a ningún punto esa noche, después de todo los asistentes a la reunión habían llegado tarde y no fue mucho el tiempo que permanecieron en la cafetería.

Writer regreso a su hogar muy tarde por la noche, agotado, con una sensación de derrota en el corazón. Resignado decidió dormir, sin cenar de nuevo, para olvidar sus problemas y el pequeño rencor que se acrecentaba en contra de su ex.

Su departamento era en realidad pequeño, contaba con un cuarto que le servía de habitación y oficina, una cocina-sala-comedor y un pequeño baño con una regadera que no funcionaba muy bien desde hacía un par de años. Los múltiples libreros repletos de novelas a medio acabar y libros que acumulaban polvo reducían el de por si pequeño espacio transitable; una vieja parrilla, un lavamanos oxidado, un mini bar y una chica mesa plegable era lo único que conformaba su mobiliario en la cocina, una almohada que utilizaba para dormir servía de sillón para visitas debido a que Writer prefería sentarse en el piso.

En su soledad incomoda trataba de conciliar el sueño que cada noche insistía en no acudir a la cita pactada como lo había hecho los últimos años, este insomnio contribuía a que su mal humor se acrecentara pero también le permitía relajarse y meditar lo acontecido a lo largo del día.

Mientras tanto en apartamento en la “zona bonita” de la ciudad una escritora novel trataba de conciliar el sueño del mismo modo; la separación con su ex novio había sido difícil de asimilar para ella, aun cuando había sido la principal responsable de dicha separación.

Tras dos duros días de tratar de negociar una separación “agradable” no habían llegado a un acuerdo mutuo que satisficiera a ambas partes, ella pedía cosas esperando que él intentara evitar la separación, sin embargo acepto entregar todas las cosas que pidiera con la condición de que la separación se realizara lo más pronto posible.

-No necesito su auto, ni sus trajes, no entiendo para que pedí la bicicleta si ya tengo el auto- se lamentaba en esas noches frías y solitarias- lo único que necesitaba era que me apoyara, me conformaba que me rogara que no me marchara.

Pero ella le conocía demasiado bien, sabía a la perfección que él no daría marcha atrás en la decisión y si existía una oportunidad de volver a estar juntos era ella quien debía ser la primera en hablar y por ende en pedir disculpas.

Era dos partes resignadas a separarse, a mantenerse lejos la una de la otra, aun que su mayor anhelo era el de volver a estar juntos tenían que vivir con la irremediable levedad de ser dos entes tercos encanados en que el otro se disculpara primero.

Cabe resaltar que esa noche, ante la imposibilidad de dormir, Writer escribió una carta de disculpa donde le rogaba a su ex que regresaran, esa carta fue consumida por las llamas de un encendedor que poseía la inscripción “retorica” finalizando así toda posibilidad de una tregua y un reencuentro cercano.

domingo, 15 de enero de 2012

Capítulo 3: Los infortunios de la virtud

El atardecer rojizo caía en el horizonte dando una hermosa vista de la ciudad crepuscular que despertaba conforme la noche ganaba terreno frente a su contra parte; era un ambiente romántico, melancólico, pero libre de tristeza.

Sin lugar a dudas era una imagen pintoresca que disimulaba el pequeño infierno que se vivía dentro de la ciudad, un infierno que conocía a la perfección el amargado de Writer.
-Hay arena en mis botas… -Dejo escapar Writer en un bostezo de ocio.

-No me explico cómo ocurrió eso, no hay arena en kilómetros en la redonda -contesto la joven dependienta mientras leía la novela de la competencia, sin embargo algo llamo poderosamente su atención – ahora que me fijo… ¡Tú no llevas botas!

Viejas costumbres que nunca se olvidan: morder los lápices, hacer ruido mientras masticas, dormir del mismo lado de la cama todas las noches y hablar solo. Era ese tipo de detalles los que hacían pensar a la gente que Writer estaba loco, eso era una locura, el no estaba loco por hablar solo, hablaba solo porque estaba loco y la razón de su locura eran los recuerdos de una infancia difícil.

Realmente no había pasado mucho tiempo desde que la reunión fuese convocada, a lo mucho 15 minutos desde las llamadas y mensajes desesperados, para desgracia suya sus amigos/compañeros/hermanos vivían a una distancia considerable de la cafetería.

Entre tanto cierta joven dependienta leía Moonlit Romance, la novela de la competencia, a pesar de su edad e inexperiencia era una de las mentes más brillantes que Writer había tenido el placer de conocer.

-Sus personajes son carismáticos, sin embargo el romance prácticamente se vuelve betún para pastel de bodas, es la clase de historia con seres sobrenaturales afeminados que tanto le gustan a las adolecentes de hoy.

-Mi problema surge en que ella está ganando público de manera alarmante por medios impúdicos… abuso de la sensualidad, del romance y de protagonistas masculinos que no deberían llamarse a sí mismos hombres.

-Tu problema no es ese, tu problema son tus historias -le recrimino- tus historias están enfocadas a un público maduro que entiende tus bromas de los ochenta y referencias a mejores tiempos, ella escribe novelas para un público más amplio e inmaduro, la clase de público que no necesita un diccionario para entender lo que el novelista intento decir.

-Ese es otro problema que odio, ese tipo de público tan inculto, cuando yo escribo que las cortinas son azules espero que los lectores deduzcan que las cortinas representan la tristeza que siente el personaje pero no, cuando leen que las cortinas son azules solo piensan en que son del puto color azul.

El silencio reino de nuevo en la vacía cafetería, de momento eso era bueno ya que ninguno de los dos tenía nada más que decir (que fuera coherente claro está). Tras otros 15 minutos de silencio, lecturas de novelas crepusculares y refunfuños entre dientes a Writer se le había agotado la paciencia.

-Malditos desgraciados, mira que tardar tanto para una emergencia, ya podría haberme muerto y no esperar su ayuda- se quejo Writer una vez más.

En ese preciso momento entro en la cafetería un hombre enorme, quizá media dos metros o quizá un poco más; llevaba consigo un enorme acordeón paralelo a su tamaño y una larga cabellera grasosa y despeinada cubría prácticamente su rostro; era Francisco, el hombre.

Pese a su apariencia desalineada era una buena persona, prácticamente era un vagabundo (a pesar de tener un titulo en letras hispánicas) que se dedicaba a tocar el acordeón en la calle y amenizar las fiestas de sus conocidos. Contaban las historias que Francisco, el hombre, conocía de memoria las dos mil canciones que componían su repertorio, sin embargo Writer sabía que esto era falso, él debía de saber más de dos mil, púes nunca cantaba dos veces la misma canción más que en oportunidades muy escasas.

-Perdona por llegar tarde, pero mi mujer no me dejaba salir- se justifico el gigante.

-Mandilón- fue lo único que acertó a responderle Writer.

Francisco ignoro el comentario de su íntimo amigo y prosiguió a tomar asiento en la mesa donde se encontraban sentados la joven gerente del café y el amargado novelista. Los tres tenían sueños y esperanzas pisoteadas por los años.

Tan solo un par de minutos después llego el último de los invitados a la “fiesta” privada que se llevaba a cabo esa noche en una solitaria cafetería del centro de la ciudad.

Un hombre moreno y de estatura promedio entro en silencio al café; su ropa distaba mucho de parecerse a los harapos de Francisco o al traje desgastado por el uso de Writer. Era Alex Hornet, cineasta con un par de años de experiencia que producía, actuaba, escribía, dirigía y muchas cosas más, todo esto sin éxito por desgracia, esto era debido a que Alex hacía cine surrealista.

-No es para los incultos, que son la mayoría- solía decirle Writer para animarlo.

Era una reunión de gente un tanto extraña: un novelista frustrado, un músico nihilista, un cineasta con poco éxito y una joven chica que no encontraba su talento especial. Todos ellos traban de sobre llevar una vida en un mundo donde su arte era infravalorado e inclusive despreciado.

Llevaban a cuestas la condena de ser artistas, desdichados seres que tenían que cargar con la maldición de la virtud. Odiaban su talento, pero por una razón no podían dejar de hacer arte.

miércoles, 11 de enero de 2012

De la naturaleza

"Es innatural lo inalterable, lo eterno, lo perpetuo, nada en este mundo es eterno, por lo tal el arte no es eterno, todo lo contrario, es de las cosas más efímeras que tenga el placer de conocer.

Daremos un ejemplo de tal condición de la naturaleza: Una montaña a los ojos de un hombre común es inalterable e inamovible, un coloso inmortal bajo cuya sombra vivimos, sin embargo no es inalterable ni eterna, tanto dentro de ella como por fuera una serie de cambios tan minúsculos que no logramos percatarnos de ellos (teniendo en cuenta la condición de la montaña, quizá si los hombres pudieran vivir siglos se darían cuenta de esos cambios que ocurren).

Más innatural aún seria que las cosas que ya se han transformado regresen a un estado anterior, lo más cercano a lo que podrían aspirar es a llegar a un estado tan similar que la diferencia sea tan minúscula que no se note (como en la montaña).

Un ejemplo de esto es el árbol (como mi viejo amigo bárabol de quien les hablare después). Estos seres de enorme paciencia pierden sus hojas con cada invierno, entrando en un sueño estival del que despertaran con la llegada de las primeras lluvias cálidas. Retomando el tema los árboles recuperan su follaje pero no sera el mismo, puede que sus hojas sean iguales para nosotros, pero un entendido en la materia o un observador meticuloso en sus ratos de ocio descubrirán que los mínimos detalles diferencian unas hojas de otras"
Dicho a Francisco, el Hombre

viernes, 6 de enero de 2012

-La luna se puede ver claramente el día de hoy- dijo en voz muy baja un hombre alto sentado en las arenas del desierto blanco de Hueco Mundo.

-Siempre es así en este sitio-le contesto despreocupadamente una joven bien parecida sentada a unos cuantos metros de él mirando el cielo– aun que es un desperdicio hablarte, estás en tu mundo.

En efecto, el hombre permanecía pensativo mientras miraba la enorme luna blanca que brilla en lo alto del vacío firmamento de Hueco Mundo; la ausencia de estrellas no hacía más que causar un sentimiento de soledad y tristeza.

-De donde provengo no puedes ver la luna. Siempre llueve… Es como si mi tierra llorara eternamente, por nosotros, sus hijos que mueren en la más triste de las soledades.

La chica volteo a mirarlo; a pesar de que era un hombre relativamente joven su rostro parecía cansado y viejo, como si los años de experiencia le pesaran en el alma. Una enorme cicatriz cruzaba su mejilla derecha pasando sobre su ojo lo que le impedía abrirlo correctamente.

Llevaba puesto un sucio kamishimo negro repleto de manchas oscuras apenas perceptibles gracias a que la blanca arena se pegaba a estas, como si un líquido pegajoso las hubiera manchado. Junto a él reposaba su Takuhatsugasa, un sombrero que solía utilizar cuando viajaba.

-Cuando llegue a este sitio me fascinó todo… la arena blanca, la luna perpetua, la noche que no acaba, la soledad que incluso puede respirarse en este ambiente, los enemigos con los que me enfrento y los amigos que hago- el hombre continuaba con su monologo, sin embargo paró en seco de hablar para mirar fijamente a los ojos a la chica - ¿Cuántos años llevo en este sitio?

La joven chica era bajita en comparación a él, en cambio su figura esbelta y piernas largas le daban un hermoso porte; su cabello castaño y corto ocultaba unos diminutos cuernos óseos en su cráneo, aun que esto era lo último que podría notar la gente, pues su belleza era tal que uno no podía evitar mirarla.

-Cien años, quizá un poco más, no podría decírtelo con certeza- le respondió con cierta tristeza.
El hombre se levanto con calma, recogió su sombrero sacudiéndole la arena. Ayudando a su compañera a levantarse lanzo una fría mirada hacia la luna, esta vez no era una mirada melancólica, una mirada de profundo odio y resentimiento se podía ver.

-Esta es nuestra noche Yukiko- el hombre había cambiado súbitamente, ahora parecía agresivo y lleno de rabia. Levanto una de sus manos hacia el cielo gritando - ¡Esta es la noche que nos vengaremos de la Sociedad de Almas! ¡De su injusta traición hacia los míos!

La chica no hizo más que sonreír mientras se sacudía la arena de la ropa: un hermoso kimono blanco con encajes grises y estampado de árboles muertos –Takeshi kun ¿Abro la “Garganta” ahora mismo?

El hombre afirmo con la cabeza sin dejar de extender el brazo hacia el cielo nocturno.

-Esta es la soledad de 100 años exiliado en un sitio desconocido, la soledad de la negra noche sin estrellas, pero ya no será así… esta noche le arrebataremos a la Sociedad de Almas una de sus estrellas, lo mejor será que llame al resto de las tropas.

En ese momento un sonoro rugido cruzo los infinitos límites del desierto blanco de Hueco Mundo, causando un gran temor entre las criaturas que habitaban en este mundo, inclusive de las más grandes y aterradoras.

Frente a la chica el espacio se rasgaba en forma literal; una serie de barras verticales se abrían (de manera similar a una boca) hasta alcanzar el tamaño de un hombre mostrando en su interior un túnel oscuro del cual irradiaba una sombría energía.

-Esta es mí noche- repitió el hombre una vez más – es nuestra noche.