Sabiduria aleatoria gratis

lunes, 16 de enero de 2012

Capitulo 4: La insoportable levedad del ser

-¿Algo importante que tratar?-pregunto Alex Hornet para romper el silencio sepulcral que reinaba en la vacía cafetería debido a la hora.

Writer se levanto de su asiento y dirigió una severa mirada hacia Alex, este no le presto importancia a la mirada hostil de su amigo, estaba demasiado ocupado en pensar sobre el argumento de su siguiente película, los problemas económicos que enfrentaban sus producciones o simplemente en que necesitaba un cigarrillo.

-No los llame solo para tomarnos un café-aclaro Writer-Estamos reunidos aquí para…

-¿Celebrar la unión de dos personas en santo matrimonio?-pregunto con comicidad Francisco, el hombre.

-Para planear un contra ataque para evitar que esta abominación continúe avanzando.

En el centro de la mesa se encontraba la revista de la semana; rápidamente Francisco y Alex dedujeron el origen de la ira de su amigo, la novela de su ex novia se había convertido en un éxito, y para peor, un éxito comercial.

-Si mis deducciones son correctas no faltara mucho para que este fenómeno se convierta en parte de la cultura popular.

-En ese momento tendremos otro Crepúsculo entre manos-rectifico la joven dependienta.

Francisco, el hombre, no le prestaba demasiada importancia a los berrinches infantiles de Writer “Pura envidia” pensó por un momento, sin embargo, recordó el drama que sufrió cuando su mujer, Brenda, la gitana, se obsesiono con cierta saga de vampiros afeminados.

-No entiendo el porqué del odio por esta pobre chica, solo intenta ganarse la vida- dijo Alex mientras hojeaba la revista.

-Lo que ocurre es que ella esta escalando puestos rápidamente…

-Al igual que tú en tu tiempo- Alex no le permitió terminar de contestar- ¿Recuerdas acaso tus inicios en la editorial? ¿Cómo tus depresivas novelas eran lo que estaba de moda?

-Esto es una cosa distinta, esta vez tenemos…

La reunión transcurrió entre silencios, chistes baratos y alcohol de contrabando que realmente no alcoholizaba si no que insensibilizaba el alma y el cuerpo permitiendo que las penas dejaran de ser pesadas losas en sus espaldas y se convirtieran en un conjunto de borrosas experiencias.

Al final no se llego a ningún punto esa noche, después de todo los asistentes a la reunión habían llegado tarde y no fue mucho el tiempo que permanecieron en la cafetería.

Writer regreso a su hogar muy tarde por la noche, agotado, con una sensación de derrota en el corazón. Resignado decidió dormir, sin cenar de nuevo, para olvidar sus problemas y el pequeño rencor que se acrecentaba en contra de su ex.

Su departamento era en realidad pequeño, contaba con un cuarto que le servía de habitación y oficina, una cocina-sala-comedor y un pequeño baño con una regadera que no funcionaba muy bien desde hacía un par de años. Los múltiples libreros repletos de novelas a medio acabar y libros que acumulaban polvo reducían el de por si pequeño espacio transitable; una vieja parrilla, un lavamanos oxidado, un mini bar y una chica mesa plegable era lo único que conformaba su mobiliario en la cocina, una almohada que utilizaba para dormir servía de sillón para visitas debido a que Writer prefería sentarse en el piso.

En su soledad incomoda trataba de conciliar el sueño que cada noche insistía en no acudir a la cita pactada como lo había hecho los últimos años, este insomnio contribuía a que su mal humor se acrecentara pero también le permitía relajarse y meditar lo acontecido a lo largo del día.

Mientras tanto en apartamento en la “zona bonita” de la ciudad una escritora novel trataba de conciliar el sueño del mismo modo; la separación con su ex novio había sido difícil de asimilar para ella, aun cuando había sido la principal responsable de dicha separación.

Tras dos duros días de tratar de negociar una separación “agradable” no habían llegado a un acuerdo mutuo que satisficiera a ambas partes, ella pedía cosas esperando que él intentara evitar la separación, sin embargo acepto entregar todas las cosas que pidiera con la condición de que la separación se realizara lo más pronto posible.

-No necesito su auto, ni sus trajes, no entiendo para que pedí la bicicleta si ya tengo el auto- se lamentaba en esas noches frías y solitarias- lo único que necesitaba era que me apoyara, me conformaba que me rogara que no me marchara.

Pero ella le conocía demasiado bien, sabía a la perfección que él no daría marcha atrás en la decisión y si existía una oportunidad de volver a estar juntos era ella quien debía ser la primera en hablar y por ende en pedir disculpas.

Era dos partes resignadas a separarse, a mantenerse lejos la una de la otra, aun que su mayor anhelo era el de volver a estar juntos tenían que vivir con la irremediable levedad de ser dos entes tercos encanados en que el otro se disculpara primero.

Cabe resaltar que esa noche, ante la imposibilidad de dormir, Writer escribió una carta de disculpa donde le rogaba a su ex que regresaran, esa carta fue consumida por las llamas de un encendedor que poseía la inscripción “retorica” finalizando así toda posibilidad de una tregua y un reencuentro cercano.

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