domingo, 12 de febrero de 2012

Capítulo 5: Una cuestión personal

Cuando te encuentras sola en la ciudad no puedes más que tratar de remediarlo. Había llegado desde muy lejos en busca de un sueño, pero la realidad me golpeo de frente y sin remordimientos.

Parecería que fue hace mucho pero realmente fueron solo cinco años, aun recuerdo mi primer trabajo en la ciudad: camarera en un café frente a la editorial en donde soñaba trabajar algún día, ya fuera como escritora, editora o simplemente haciendo la limpieza.

El frecuentaba mucho el café, iba con su editor a discutir las tendencias y resultados semanales de su trabajo, siempre tan espontaneo, alegre, pero siempre con un aura de melancolía y negatividad. Supongo eso fue lo que llamo mi atención.

Los cinco años que estuvimos juntos fueron maravillosos pero siempre una duda me inquietaba…

¿El apoyaría mi carrera como escritora?

Siempre fue muy competitivo y celoso, sabía que me arriesgaba a mucho si intentaba publicar mi novela y que sería mucho peor hacerlo en la misma editorial en la que él escribe, pero nada parecía importarme en ese momento, supuse que ambos seriamos adultos y tomaríamos una decisión madura.

Ese fue el primer error.

Marcella Ferrante daba vueltas en su cama, meditando lo acontecido desde hacía algunos meses, su separación no había acabado en buenos términos y su ex novio se negaba a hablar con ella para resolver estos conflictos.

Todo comenzó con su aspiración a ser escritora a la tierna edad de quince años, a sus casi veintidós años concluyo Moonlit Romance, su primer y única novela, una historia llena de romance, chicos fríos con complejo de tsundere y jovencitas que esperan a un príncipe azul y se conforman con el primer caballero que encuentran.

A sabiendas de que su novio nunca aprobaría dicha historia tomo una resolución firme: Tenía que decidir entre su carrera o su vida amorosa.

La editorial daba una cena para sus escritores el mes de diciembre (para fortuna de muchos de ellos que no tenían dinero para comer) fue en esta oportunidad donde conoció a Jacob Smith, afamado editor que se había visto involucrado en múltiples escándalos por infidelidad.
Ambos congeniaron de inmediato y ella aprovecho la oportunidad para exponer su idea la cual encanto a Smith, de inmediato acordaron el serializarla y de ese modo por fin el apellido Ferrante brillara en el mundo literario.

Como era lógico su novio estallo en celos, tanto por su decisión como por haber pasado la noche con el editor, llevando a ambos a discutir como nunca lo habían hecho en su relación. Esto llevaría a que se acabaran cinco años de noviazgo y posiblemente planes de una boda modesta en alguna Iglesia de San Carlos.

A grandes rasgos todos sus problemas se reducían a ese simple evento y el éxito de su novela no hacía más que agrandar los problemas y minimizar las oportunidades de una reconciliación exitosa, o al menos de una charla no violenta.

Pese a haberse mudado a un espacioso departamento en los suburbios algo le impedía superar a su ex, quizá fuera todo el tiempo que pasaron juntos… o quizá el hecho de que ella tenía en su poder la gran mayoría, si no que en su totalidad, de las pertenencias de Writer.
Al contrario de lo que se podría pensar ella no había cedido ante los embates románticos de Smith, resistía lo mejor que podía a las insinuaciones amorosas del editor mujeriego y esto le ayudaba en su carrera, pues mientras Smith no tuviera lo que quería era menos probable que su novela fracasara por motivos personales, solo tenía que resistir y mantener la calidad del trabajo que llevaba hasta ahora.

Aun que ella misma consideraba que el tipo de novela que escribía era bajo y miserable era lo único que realmente podía escribir, era la que más odiaba su historia pero sabía que era lo mejor para un éxito de ventas, un éxito comercial de pies a cabeza.

Ese día la lluvia no cesaba, eso le impediría reunirse con el editor, el pretexto perfecto, el único detalle que le aquejaba era que no tenía nada mejor que hacer pues su novela ocupaba prácticamente el 90% de su tiempo.

De pronto una inquietud sacudía su pecho con la violenta fuerza de una ola estrellándose contra el mar, trato de frenar el salvaje impulso de tomar el teléfono y llamar a su escritor preferido, sin embargo su mente fue mucho más fuerte que sus impulsos y logro frenarse antes de coger el teléfono.

Si cabía decir algo de todo esto quizá sería agregar una obviedad para aquel lector que no se ha percatado de ello:

Marcella Ferrante era la que había sufrido más en la separación, pese a que había sido la ganadora de los bienes materiales Writer se había quedado con lo más importante, su pensamiento y emociones pues todo lo que sentía iban enfocados hacia ese fracasado que ahora le parecía el mejor hombre que pudo y que podrá encontrar en su vida.

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