Sabiduria aleatoria gratis

martes, 13 de mayo de 2014

Lobo y RolPlay I

Ayer por la noche (Vale, eran las 2 de la madrugada) miraba entretenido episodios sueltos de South Park, entretenimiento barato y simple. Grande fue mi sorpresa cuando encontré uno que me incentivo a escribir un pequeño texto referente al tema.

En el episodio “Superdiversión” [Temporada 12, capitulo 7] nuestros protagonistas acuden a un parque temático del viejo oeste; dentro de este parque los trabajadores insisten en mantener el papel de simples pioneros hasta límites insospechados.

Sin entrar en mayor detalle llega un punto en el que un grupo de ladrones, escapando de la policía, toman el parque y secuestran a los visitantes y trabajadores. Tras enterarse de que hay una salida cerrada por un candado electrónico con contraseña deciden sacarle la verdad a algunos trabajadores.

El primero, un herrero, muere en el afán de interpretar su papel al negarse a revelar la información por desconocer la contraseña de un aparato ajeno a 1864. A pesar de que los ladrones insisten y lo golpean el hombre niega a romper con su papel y muere.

Acto seguido uno de los empleados, al ser amenazado, decide cooperar con los ladrones y entregar la contraseña, pero es asesinado por el “jefe del pueblo”, no con el afán de evitar que los ladrones escapen, sino que lo hace para evitar que rompa su papel.

Tras otros tantos sucesos Stan (Uno de los protagonistas) decide jugar al juego de roles, tal y como los empleados, en un intento por obtener la información. .. Sorprendentemente lo consigue.

Justo al finalizar el episodio, cuando suena la señal de que el parque está cerrado, los empleados festejan un día más de trabajo y vuelven a actuar como personas normales.

Todo esto, lejos de hablar de la gracia del humor negro o lo incomodo que puede ser el bromear con una toma de rehenes, me llevo a pensar en un tema: ¿Qué tan lejos se lleva el rol? Y ¿Qué tan poco se toma en serio el rol?

Esto último es de lo que me pienso ocupar esta vez.

Bien, comencemos por especificar: El RolePlay (Juego de roles) consiste en interpretar el papel de un personaje ajeno al papel que usualmente tiene la persona. Así pues, un oficinista puede convertirse en un poderoso Paladín nivel 34 en un rol de mesa, en el invencible dovahkiin, nacido del dragón en la saga de videojuegos Elder Scrolls o siendo bastante pervertidos, puede interpretar el papel de un entrenador dentro de una fantasía sexual; todo sea dicho.

El pequeño niño que juega con sus amigos a los aventureros ya está haciendo una labor de juego de roles, la camarera que usualmente es antipática tiene que interpretar un papel ajeno a su personalidad para trabajar, por poner otros ejemplos.

Siendo que desde pequeños estamos habituados al juego de roles hay quienes extendemos ese gusto a edades más avanzadas: En mi adolescencia invente multitud de juegos de rol apoyado únicamente en dibujos, recortes o en los mejores casos, presentaciones de power point.

Por si fuera poco me gusta interpretar el papel de los nuevos personajes que desarrollo, eso me ayuda a comprender mejor sus ideas y el rumbo de sus personalidades.

He visto jugar a juegos de interpretación por correo físico, por e-mail, por foros, en persona durante convenciones y por supuesto, reunirme con los colegas en casa de alguno para jugar un poco entre amigos.
En los tiempos recientes encontré el rol dentro de Tumblr, aunque solo lo utilizaba como fuente de imágenes rápida y almacén de pornografía. Pero hay algo que me corroe las entrañas: El juego de roles mal aplicado.
Con ello no quiero expresar que soy una eminencia en el tema o que tengo la autoridad para corregir el comportamiento de otros, únicamente busco exponer mi caso.

He visto interpretar a personajes pertenecientes a ficciones ya creadas, es decir, a personas interpretando el papel de su personaje preferido en X o Y serie. Del mismo modo me he encontrado con personas que crean sus propios personajes (Llamados Original Character en este submundo) ya sea ambientados en universos ajenos o propios.

De estos últimos hay una variedad de personajes, aunque por lo general logro notar un exceso de Mary Sue y abuso de los tópicos en los personajes, del mismo modo en que varios no se desarrollan en un contexto claro y carecen de profundidad.

Sin embargo mi conflicto surge con las personas que interpretan a personajes ya creados: Olvidan demasiado el concepto de rol y los convierten en personajes completamente originales.

Así podemos ver que personajes caracterizados por su valentía y estupidez en sus series originales se convierten en cobardes mimados interpretados por algunas personas. O en seres completamente carentes de inteligencia (Vease un zombie del universo de The Walking Dead) ser caracterizados como personajes pensantes y con una personalidad desarrollada.

Esto nos lleva a un conflicto con el propio concepto del rol: Después de todo la gracia de este juego consiste en interpretar tu visón del personaje ¿Pero qué marca el límite entre interpretar el personaje y deformarlo para tu uso?

Por tomar un ejemplo al azar: El personaje de Goku se caracteriza por una inocencia cómica, pero también por un egoísmo profundo y un valor que raya en la estupidez.

Si una persona tomase a este personaje y lo modificara a su visión quedando como un guerrero metódico y calculador de pocas palabras ¿Seguiría tratándose del mismo personaje?


Las personas se toman algunas licencias al interpretar a su personaje, pero hay quienes deforman completamente el concepto original quedando en algo más cercano a un personaje original basado en la apariencia de otro ya creado.


Jeff The Killer es uno de los personajes que mejor ejemplifican esto caso.
De un asesino serial más cercano a monstruo que a un humano paso a ser
caracterizado por un adolescente con profundos complejos.
Del afán original de aterrar a los lectores se ha convertido en un mero
objeto de la fijación maternal de adolescentes.

sábado, 10 de mayo de 2014

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Soy la clase de hombre que necesita de alguien para existir, necesito dedicarle cada esfuerzo, cada suspiro, cada pensamiento, si no lo hago me siento frustrado.

El llanto de Apolo, el cuerno de Diana, es esencial para vivir, porque fui criado con el pensamiento del sacrificio, vivir para que otra persona sea feliz y que ella sea feliz contigo... Pero supongo que también tengo tendencia al masoquismo, porque pareciera que cada vez que me encuentro con una princesa a la cual dedicar mi estandarte termino herido de muerte, porque claro, un hombre que jura una lealtad eterna no se puede desaprovechar, termino siendo el segundo, siendo el padre, el amigo, el mentor... Pero incluso así encuentro felicidad, felicidad forzada y a rastras, pero lo odio, odio que no sepan cuando cerrar la boca  ¿No podrían simplemente dejarme en mi ignorante felicidad?
¿No podrían simplemente ahorrarse el mencionar a otro en mi presencia?
Como si lo que entrego no fuese suficiente, como si mis esfuerzos fueran en vano, como si hablaran como quien habla con un sirviente.

Odio que me comparen ante otros, el menor atisbo de ello me pone alerta, me enfurece y enloquezco.
Supongo esta bien justificado que me digan loco, que me digan que soy el villano y quizá lo sea, pero...
Lo único que quiero es que se me corresponda, que la fidelidad que doy la reciba, un intercambio equivalente si lo prefieren, no puedo dar el 100% pero si un 50, un 75, un noventa... Al final termino hartándome y huyo, siempre huyo, porque si les dijera que me voy dirían "quédate, al menos esta noche" y me quedaría para siempre y ahí se va el caballero, encerrando las canciones de amor, los suspiros de luna, quemando la poesía profiriendo maldiciones en una lengua muerta...
Diciéndome que las mujeres son más venenosas que bellas, que nadie en el mundo merece tal fidelidad...
Que la muerte es la única amante que se tiene, y hasta en eso no se tiene exclusividad.

Pero por supuesto no lo cree, es un tahúr y se entrega al vicio, al vino y las apuestas, a las mujeres de suspiros rápidos (que no por ello tienen que ser fáciles) repitiendo que es un villano, que los villanos siempre pierden y que el malo del cuento no se queda con la princesa, que los hombres cuyas espadas oxidadas y barbas desarregladas están destinados a eso, a licores e insultos, noches rápidas y olvidos largos, pero por supuesto, no cree en estoy por ello cada tanto lanza la botella lejos, trata de peinarse pero ya ha olvidado como, se afeita con su espada y luce con orgullo cicatrices que dan horror pero que le recuerdan sus errores y elige nuevamente, vaga, de reino en reino, de castillo en castillo, siendo azotado y lanzado a la calle entre gritos de reyes:
¡INVASOR! Búscate un reino, búscate una vida...

Pero por supuesto, él no cree en eso... Y cada tanto, para evitar que esta oxidada espada rocé mi cuello mientras me afeito, tengo que dedicarle un soneto a una dama, incluso aunque se que ahí no hay esperanza o futuro, que a lo lejos ya hay un rey o un castillo, que mi trono permanece solitario, sin rey ni reina, pero no puedo volver a mi tierra, porque fracase en lo único que quizá era verdaderamente importante para mi; se vaga con el hambre que no se sacia con pan ni con carne de res, aunque sea de linaje, pagando una moneda de oro a la vez, porque lo que buscas no se compra  con oro ni plata...

Y de vez en vez cuando estiras la mano recibes migajas y aunque hayas probado los más apetitosos manjares, las devoras con pasión tratando de sacar esos recuerdos, de no olvidar que eres humano, de que en ese pecho hay un corazón, incluso si debajo de la armadura ya solo queda un esqueleto que finge estar viviendo, incluso si son migajas para mi es lo más delicioso, incluso si se que no hay esperanzas, que tendré que correr, que la muerte se ríe burlonamente y me dice "Inténtalo muchacho, alégrame el día"

Me da un poco igual, porque no creo en eso, no termino de creer que no haya nadie, que no haya castillo, que incluso si tengo que vivir como un perro en la cocina las migajas de la mesa valdrán la pena.

Así vivo, pero quizá solo divago...

martes, 6 de mayo de 2014

Olvido

Lo que ellos llamaban Ubar no era más que las ruinas de alguna aldea, aunque las derruidas murallas que le rodeaban y las colosales paredes que aún servían de soporte para otras construcciones sugerían que en el pasado se había alzado un imponente castillo en la zona.

Ruinas salpicaban el paraje, habitadas por un puñado de extraños hombres, vestidos de la misma manera que Sahín. Aquellos que simplemente no deseaban, o no podían, dormir al resguardo de estas ruinas montaban tiendas de campaña, aprovechando la tela fabricada a partir de extrañas plantas que crecían en los escasos oasis en medio de los paramos.

Un par de casas aún conservaban la estructura original, con cuatro paredes, un techo e incluso puertas de acero o madera chapada. Estos eran los edificios más codiciados, aunque todos ya eran ocupados, transformados en una suerte de negocios que intentaban florecer en aquel extraño lugar.
Sahín era uno de estos afortunados mercaderes.

Su Caravanserai consistía en un enorme edificio de una sola planta, aunque bastante largo. Una gran parte del mismo estaba destinado a servir de almacén, mientras que un par de reducidos cuartos fungían como recepción y salas de estar del negocio.

No había decoración alguna en las paredes que parecían caerse a pedazos por momentos. Únicamente un par de muebles fabricados toscamente en la madera muerta de los árboles que habitaban en la región adornaban la estancia.

Sahín había llevado al extranjero hasta Ubar sin muchas dificultades, aunque le parecía que habían andado por horas. Una vez en aquel intento de ciudad lo condujo hasta esa habitación donde le invito a tomar asiento en un tapete blanco, fabricado con el pelaje de un animal.

-¿Te gusta Ubar Ellan?-Preguntó Sahín con curiosidad mientras rebuscaba en un mueble enorme, parecido a un armario.

-Es algo que nunca había visto sin duda...

-Los recién llegados como tú vagan sin rumbo por el páramo durante algún tiempo antes de que los hallemos... Agradece que fui yo y no un Gul o algo peor...

-¿Un... Gul?

-Tienes que acostumbrarte a nuestra lengua Ellan.-Le reprocho Sahín entre risas. Aunque su voz era profunda y amarga algo le permitía sonar afable cuando lo deseaba, como la voz de un padre al que se respeta.

-Los Gul solían ser hombres, como tú o como yo... Pero enloquecieron, quizá por el hambre o la soledad... Ahora vagan por el mundo buscando a otros hombres para devorar...

-Creía que habías dicho que este es el otro mundo.

-Es lo que es, o al menos es la conclusión a la que todos hemos llegado.

-¿Cómo puedes morir en la otra vida?

-Lo mismo me pregunto yo... Y seguramente se lo pregunten todos... Si mueres en esta vida ¿Qué sigue? ¿Otra-otra vida?

Sahín permaneció callado unos instantes, pensativo, aunque a los pocos segundos rompió ese silencio con una sonora carcajada.

Se giro para ver a su invitado. Sin la capucha demostraba ser un hombre aún más inusual: Su morena tez era del color de la canela, pero su cabellera corta era blanca, no como la de los ancianos, un blanco inmaculado. Todo esto solo resaltaba el color rojo de sus ojos.

Llevaba una barba de candado corta y fina, también de color blanco. Sus facciones le conferían una imagen ruda, testaruda y fuerte, pero sus ojos destilaban bondad a pesar de todo.

-Debes de estar hambriento, bebe un poco o te convertirás en un Gul.-Le repitió mientras le pasaba una botella fabricada en fino vidrio de color negro.

Su contenido era particular, como todo lo que existía en esta nueva vida. Un líquido amarillento, espeso y con un fuerte olor a humo, tal como el olor que rodeaba a Sahín. 

-¿Qué es?

-Estus... Una de las pocas comestibles que existen en este sitio...
En los páramos y el desierto habitan muchas bestias... Todas ellas podrían comerte si te descuidas... Y todas necesitan beber.
Hay unos Oasis en los páramos, pero el agua que hay en ellos esta estancada desde hace siglos; venenosa para nosotros, elixir para esas criaturas...
Pero, de vez en cuando, se hayan estas ciudades abandonadas, en cada región tienen un nombre distinto. Todas tienen algo en común: Pozos de Estus.
¿Quién las construyo? Quién sabe, y para ser sincero, no quiero averiguarlo.

Sahín dio un largo sorbo a su propio frasco, pues había gastado mucha saliva en la explicación.

-Comprendo... 

-¿Qué harás ahora Ellan? 

-No lo se... No tengo un propósito en esta vida... Sin sitio a donde ir o que hacer...

-Te propongo algo. Da vueltas por el Ubar, conoce a los habitantes, pregunta por mi.
Soy comerciante Ellan, viajo de Ubar en Ubar para intercambiar productos; aquí fabricamos muebles, ropa, cosas con pelaje y madera.

Te propongo un negocio: Acompáñame a mi siguiente viaje, si te gusta lo que ves puedes quedarte en ese Ubar, pero si es tu deseo puedes ser uno de mis trabajadores.

Olvido

La brisa del otoño lo balanceo como a una frágil rama.
Su cuerpo, inerte, bailaba con las ráfagas del cruel viento que asolaban la campiña. Nadie le prestaba atención al cuerpo de un suicida en medio de la nada. 
Es probable que su cuerpo permaneciera en ese sitio hasta pudrirse. Con suerte sería un festín para los cuervos. Pero solo era una posibilidad.
Y a pesar de ello su vida proseguía.
Había despertado, confundido y agitado tras la muerte, en un sitio desolado y sombrío. Un enorme campo repleto de malas hiervas con un par de árboles secos salpicando la inmensidad.
Se levanto, confundido, temeroso, sin saber donde se encontraba o porque estaba ahí. Únicamente los últimos pensamientos de la muerte rondaban su cabeza junto a una débil voz que se lamentaba por el dolor al ser colgado.
Sacudió los harapos que ahora vestía, poco más que simples retazos de tela de lo que antes pudo haber sido un traje de lana. No recordaba llevarlos puestos al decidir su fatídico destino.
No estaba seguro si permanecer en ese sitio o vagar por aquel sitio desconocido. Continuaba confuso por todos los sucesos acontecidos y las visiones que ahora tenía.
¿Qué se hace después de morir?
Agudizo los sentidos en un intento por ver o escuchar algo, sin mucho resultado. Era realmente extraño pues no se podía escuchar brisa alguna a pesar de que las matas de hierbajos altos danzaban, como inspirados por el canto de los vientos.
Alzo la mirada en un intento por ubicarse en base a la posición del sol, aunque su intento lo desconcertó y aterro a la vez.
En el inmenso firmamento de color anaranjado brillante no existía ningún sol que lo iluminase, a pesar del intenso calor que podía sentir en todo su cuerpo.
Miro fijamente el cielo durante unos instantes, o al menos eso pensaba, pues podrían haber pasado horas sin poder diferenciarlo. Fruto de la falta de sol quizá, inclusive de su propia locura.
Decidido a vagar para encontrar compaña, y con ello un par de respuestas, no coordinaba sus pensamientos lo necesario para decidir un rumbo a tomar. 
Arranco un par de hojas de hierba para arrojarlas al viento y descubrir la dirección que este tomaba. Sin embargo de nueva cuenta su realidad desafiaba a la lógica: Los matojos de hierba continuaban su hipnótico baile, como movidas por la brisa, sin embargo las hojas que arrojo caían lentamente, con la gracia de las plumas.
Realmente se encontraba confuso. Pero acordó consigo mismo a vagar en dirección a lo que comenzó a llamar “Norte”, aunque carecía de puntos de referencia.
Andar sin dirección alguna nunca es buena idea, pero no le quedaba más remedio, a pesar de que no hubiera una “noche” a la que temer pues desde su llegada el cielo había permanecido estático, sin nubes o menor atisbo del paso del tiempo.
 El paisaje era monótono y hostil: Poco más que un páramo desolado, repleto de hierbajos danzantes, árboles secos y piedras repartidas sin orden ni concierto.
Lo cierto era que le había llamado la atención el color del suelo y las rocas: Blanco, como el color de los huesos expuestos al sol durante mucho tiempo.
-Mármol, eso debe de ser.-Dijo para sus adentros.
Su marcha no parecía tener final y un sentimiento parecido al hambre, pero inexplicablemente distinta, comenzaba a invadirlo. Sin saber si había andado durante un par de horas o inclusive durante medio día comenzaba a desanimarse al ver que todo cuanto lo rodeaba era este páramo infinito.
Con la mirada busco un árbol seco que le hiciese sombra para descansar, aunque como era de esperar los árboles no producían sombra alguna debido a la falta del astro rey.
Arrimándose a un enorme tronco retorcido y ennegrecido, como si hubiese sido calcinado por un poderoso fuego, prosiguió a reordenar sus pensamientos. 
Este sitio no se parecía a ningún otro donde hubiese estado. Desolado e inmenso, sin sol ni brisa, sin sonidos u animales vagando por todos sitios. Aunque es cierto que había llegado a él tras morir.
-¿Perdido amigo?
Frente a él una visión le impresiono: Un fornido hombre ataviado con una amplia túnica de lino blanco y una capucha comprendida por una especie de vendajes cubrían toda su cabeza, incluido el rostro.
Montaba una especie de bestia inmensa, a media cruza entre una lagartija y un rinoceronte. Fácilmente debía medir tres metros desde la punta de la cola hasta la punta de su cuerno frontal.
Seis gruesas patas sostenían a ese impresionante animal, el cual estaba repleto, por si fuera poco, de cajas y rollos de tela fuertemente atados y unidos a una exótica silla de montar.
-Parece perdido, pero si inoportuno su viaje me marcharé.
Miro a los ojos de aquél hombre, la única parte visible de su rostro. Rojos como las ascuas enardecidas de la hoguera.
-No se donde estoy…-Se aventuro a decir.
-Ah… Eso lo explica todo… Solo un necio vagaría por el páramo sin llevar su thobe… 
El hombre bajo de su inusual montura, la cual al sentir los movimientos de su jinete se retorció intentando correr, pero el hombre tenía atada su boca mediante fuertes correas que llevaba en la mano.
-Mi nombre es Sahín y este de aquí es Jhamme, no se asuste, esta entrenado para no morder.
A pesar de lo cordial que actuaba el hombre continuaba sin contestar a su pregunta, además de que el hablar tan casualmente de cosas que le resultaban desconocidas no le inspiraba confianza. 
-Es… Un placer… ¿Sahín? Pero necesito saber con urgencia donde estoy y porque termine aquí…
El hombre tenía un acento particular. Entendía a la perfección sus palabras (O la mayor parte de ellas) pero ese acento tan peculiar le hacía pensar que se encontraba realmente lejos de casa.
-Es costumbre presentarse entre caballeros, pero si tanto deseas saberlo… Estas en el Jahannam… El infierno… El abismo… Como desees llamarlo…
Tan solo de escuchar esa palabra, “Abismo”, sintió una opresión en el pecho. Un profundo dolor solo comparable al ser apuñalado a traición.
-Venga, acompáñeme, hombre sin nombre, podremos hablar más tranquilamente en el Ubar.-Sahín le extendió la enorme mano que no sujetaba las correas, estaba repleta de callos y poseía un olor a humo.