viernes, 24 de junio de 2011

Capítulo 1: La guerra y la paz

Dentro de algún salón en la preparatoria del distrito oriente una clase charlaba con tranquilidad dentro de su correspondiente aula. El profesor a cargo de la clase siempre llegaba tarde pero por otro lado tenía fama de estricto, así que los alumnos preferían esperarle tranquilamente para evitar meterse en problemas con él.

Frente a la ventana una chica de 17 años suspiraba por la ausencia de su amor platónico; era bastante alta para su edad y para ser una chica, con 1’70 y un largo cabello negro que le llegaba hasta la cintura llamaba bastante la atención. Sin embargo un aura de melancolía rodeaba su ser, pues hacia dos semanas se había enterado de una noticia que debería de alegrarla, su más grande amor, el profesor Writer había terminado con su novia y era el momento perfecto para entrar en acción, sin embargo sabía que ese hecho lo tenía destrozado. La mayor muestra de ello era que comenzaba a llegar tarde a todos sitios, cosa rara en un hombre cuya puntualidad inglesa era legendaria entre quienes lo conocían.

-Vamos Ann, no se ponga así por un fracasado como el profesor.

Una pequeña chica intentaba consolar a su mejor amiga. Samanta, mejor conocida como Sam a secas era realmente bajita, 1’40 a lo mucho, por eso resultaba curiosa su amistad con una chica tan alta y con una personalidad tan opuesta, pues ella era positiva a más no poder mientras que Ann tenía una actitud melancólica y ligeramente negativa.

Afuera comenzaba a llover y eso le preocupaba bastante.
-De donde vengo suele llover mucho, bastante más de lo que me gustaría. Era una lluvia tranquila, triste, fría, muy diferente a la de la ciudad; era una lluvia que con su llanto daba vida y felicidad, en la ciudad la lluvia es distinta, pareciera que estuviera molesta, un llanto que se libera cuando la ira no te permite explotar en rabia; un llanto de impotencia.

Justo al lado de las dos chicas un joven muchacho de estatura mediana con cabello castaño y bien peinado se dedicaba a filosofar acerca de las condiciones meteorológicas de la ciudad. Su nombre era Christopher y era reconocido como el chico más negativo y melancólico de la escuela; provenía de una lejana aldea en las montañas, por lo que era fornido y atlético, sin embargo se consideraba más un pensador que un hombre de acción.

-Deja esos pensamientos Cris, deprimes a la jefa- le reprendió Sam.

-¿Estas preocupada por el profesor?

-No, solo… la lluvia me pone así… seguramente olvido el paraguas.

Los tres observaron el patio de la escuela atreves de la ventana; como podría esperarse no había ni un alma en él, la lluvia era ligera sin embargo nadie se arriesgaba a salir con esa lluvia.

-En días así no me apetece andar corriendo por las calles, exhibiendo mi mojado traje Armani jóvenes ¿Qué les parecería comenzar con la clase?

El profesor había llegado hacía un buen rato, tenía la pésima costumbre de aparecer de la nada cuando era necesario.

“Tengo la facultad de existir y no existir cuando me conviene” solía decir en broma.

Todos los alumnos corrieron a sus logares en cuanto se percataron de la presencia de su profesor de cabecera, el cual siempre mostraba una sonrisa despreocupada y una actitud relajada y comprensiva; sin embargo sus ojos eran los de un hombre frio y calculador, de los que no dudarían en cortarse el brazo o asesinar a su mejor amigo si por ello obtuvieran un beneficio enorme. Eso era lo aterrador de su persona, el aura fría y descorazonada que lo rodeaba.

-Bien, mi clase dura dos horas, desgraciadamente el profesor Thompson no llegara a causa de la lluvia, al parecer su auto se averió –Comenzó a hablar entre dientes, cosa muy frecuente en el- y básicamente tendrán las dos horas siguientes libres y tengo que quedarme a cuidarlos.

La clase transcurrió tranquilamente entre discusiones sobre que pan era el mejor para hacer sándwiches de jamón y queso, el sonido de la lluvia y la música clásica que amenizaba el salón.

-Afuera llueve, todo el cielo- dijo el profesor mientras miraba por la ventana- seguramente no podrán salir, si fuera por mi podríamos pasar las dos horas libres fuera, en los jardines.

Los alumnos volvieron a su charla regular, sin hacer desorden se reunieron con sus respectivos amigos para pasar dos horas de sano ocio; era algo que le había ganado la admiración del resto del profesorado, Writer era capaz de mantener a sus alumnos calmados y en orden en todo momento, incluso cuando él se ausentaba nadie tenía el valor para hacer desastre.

Ann, Sam y Cris solían reunirse en cada oportunidad con el profesor para charlar un poco sobre literatura, cultura general, política y otros temas de intelectuales pos modernos; sin embargo esa día la charla estaba un poco… muerta.

-Profesor… Usted escribe para la revista The Sneaker ¿cierto?-pregunto tímidamente Sam.

-Uhmm, en efecto, escribo para esa revista de novelas ligeras, pero no me gusta difundirlo, por algo escribo con pseudónimo.

The Sneaker era una popular revista de circulación quincenal dedicada exclusivamente a publicar novelas ligeras por capítulos. Era conocida por lanzar a la fama a algunos novelistas medianamente famosos que de antaño habían publicado en esa revista.

-Hay tres tipos de publicación- aclaro Writer- los OneShot son historias de una única publicación con una extensión máxima de 15 páginas con todo e ilustraciones; las de publicación Mensual, como su nombre lo indica, salen cada mes y tienen una extensión máxima de 10 páginas; yo publico quincenalmente, me dan 8 páginas cada 15 días para liberar mi frustración.

-Tiene que ser muy talentoso para ser publicado constantemente-dijo Ann con admiración.

Writer no creía tener talento, siempre se considero pésimo.

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