El atardecer caía sobre la ciudad, el ambiente era frio como se podría esperar tras una lluvia torrencial; reamente había poca gente en las calles, eso era bueno.
Writer caminaba tranquilamente sin preocuparse por los sucesos ocurridos en la mañana, o por el hecho de que las nubes ya daban la advertencia de una nueva descarga de agua infinita. Intentaba regresar a su actitud tranquila y despreocupada, pero era realmente difícil.
“Relajarse no es lo mismo que despreocuparse” solía pensar en momentos de preocupación y crisis. Eran viejas enseñanzas de un viejo amigo que había desaparecido sin dejar rastro.
Mientras caminaba en dirección a su hogar paso justo frente a un enorme puesto de revistas, en la parte principal se vislumbraba la revista The Sneaker, en la portada aparecía una jovencita junto a un hombre alto, en la portada aparecía escrito Moonlit Romance.
-Tsk, en su primera semana ya es un éxito… a mi me tomo dos meses llegar a la portada de la revista, eso sin contar lo que me costó re hacer el guión tantas veces y las ilustraciones…
Realmente estaba furioso, esta vez no pensó en culparse a sí mismo ni en filosofías de calma y tranquilidad. Tomo su celular y escribió rápidamente un mensaje de texto, seguidamente marco un número, esperando que constara a su llamado de emergencia.
> ¿Aló?
-¿Hola?, habla Writer.
> Ya veo, ¿Qué se te ofrece macho?
-Necesito que nos veamos en la cafetería, parece ser que el pequeño gatito quiere entrar a la jaula de los leones.
En su rostro se dibujo una sonrisa realmente maquiavélica, su aura fría y negativa se acentuó aún más, parecería que estaba a punto de cometer un gran crimen que le beneficiaria increíblemente.
A tan solo 20 minutos de su triste departamento se alzaba la torre-hotel Watergate, una edificación de veinte pisos de alto cuyas primeras cinco plantas eran restaurantes y tiendas de lo más variado. Justamente en la quinta planta se encontraba la cafetería Tertulia, conocido por ser punto de reunión de intelectuales y bohemios.
Aun que era un lugar realmente pequeño se podía respirar un aire familiar, melancólico y bohemio; las únicas ocho mesas que había en el local estaban dispuestas de modo que los clientes estuvieran separados unos de otros, pero sin dejar de estar muy cerca, con la salvedad de una pequeña mesa para 4 personas con vista a la calle. Justamente a esa mesa se dirigía Writer.
Apenas al entrar al local una joven señorita de unos 20 años salto del mostrador a la entrada para recibir a uno de sus clientes predilectos.
-vaya, vaya, vaya, si es joven literato -dijo con sarcasmo la joven- hace tanto que no te dignas a visitar a tu musa de cabecera en este decadente café.
Writer la miro irritado, odiaba su actitud, pero por alguna extraña razón no podía evitar seguir visitando ese café, no por sus buenas bebidas ni por el ambiente propicio para escribir bestsellers, si no por su dependienta. Se limito a soltar su clásica y fingida sonrisa.
-¿Qué te hace pensar que eres mi musa de cabecera?
-Entiendo -contesto picarescamente- prefieres chicas de preparatoria, viejo verde.
-Pronto llegaran mis colaboradores, es una reunión de emergencia así que espero que nos apoyes como siempre lo has hecho.
-¿Ocurrió algo malo literato? –ella sabía que las reuniones se limitaban a casos graves.
-¿Has comprado la ultima revista?
-No, ¿Algo interesante en ella?
-Pronto lo veras, mi orgullo ha sido desafiado.
La joven dependienta conocía muy bien a Writer, los dos años y medio de experiencia le habían enseñado a la perfección su modo de actuar, de pensar y sobre todo, de juzgar. Alguien se había metido en un terreno difícil, había ofendido a Writer de algún modo… y lo pagaría caro.
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