Sabiduria aleatoria gratis

lunes, 19 de marzo de 2012

Capítulo 6: Un viejo que leía novelas de amor

Aquella figura resultaba curiosa: un hombre con una larga cabellera de color verde caminaba por la avenida principal dando pequeños tumbos como si estuviera ebrio. Por su traje de lino blanco uno podía saber que el dinero no era un problema en su vida.

El hombre caminaba sin rumbo alguno y parecía que no le hacía falta un lugar a donde dirigirse, al menos hasta que vislumbro a un oficial de policía custodiando una esquina, tambaleándose se acerco al uniformado y le pregunto con una completa naturalidad:

-¿Hacía donde se encuentra la secundaria del distrito?

Su voz ronca mostraba experiencia y humildad y al contrario de lo que cabía esperarse no exhalaba olor alcohólico alguno.

-Si sigue esta avenida llegara al cabo de unos 15 minutos a pie, es un edificio enorme de color blanco así que no hay pierde.

-Ya veo, entonces no estaba tan perdido, le agradezco.

Le dio la mano al uniformado y se retiro tal como llego: dando pequeños tumbos; con sorpresa el oficial se dio cuenta que el hombre le había dejado un billete de alta denominación en el apretón de manos. Al mismo tiempo el cielo se oscurecía y Thor enviaba los primeros relámpagos de lo que anunciaba ser una espectacular tormenta.

Entre tanto Writer miraba caer las primeras gotas de lluvia desde la ventana del salón de profesores, preparaba su clase con un par de minutos de anticipación pero la lluvia llamo fuertemente su atención, era el quinto día seguido que llovía de esa forma y eso no le generaba confianza alguna.

Entre los convencionalismos y el cabio científico anunciado por Khun la clase de filosofía transcurrió como de costumbre y en tan solo una hora se agoto el tema a exponer por lo que dejaba otra hora libre para charlar y relajarse antes de que la aburrida profesora de algebra llegara a arruinar aquel edén de ocio.

-Dicen que la lluvia limpia los pecados del corazón de la gente- comento el joven Christopher

-¿Comenzaras con tu negatividad tan temprano?- le reprocho Samanta

-Siento que esto ya lo he vivido antes-suspiro Ann en un ataque de desesperación

El profesor Writer miraba por la ventana con un aire de tristeza auto provocada, sin darse cuenta llevo su mano a su portafolios y saco una pequeña y desgastada fotografía a colores, en ella se podía ver a un sujeto sonriente de cabello verde que abrazaba por igual a una jovencita y aun muchacho que parecían no tener más edad que el grupo de Ann.

-¿Quiénes son?, claro, si es que puedo preguntar.

-El sujeto de cabello verde es mi antiguo maestro, Víctor Sepúlveda, hace muchos años que no le veo.

-¿Qué fue de él?

-No lo sé, era un escritor muy prolífico hasta que un día simplemente tomo sus maletas y anuncio que se iba de viaje a Sudamérica a cazar tigres o algo por el estilo, siempre fue un excéntrico.

-¿De verdad?, no me suena de nada su nombre-Cris estaba intrigado con la posibilidad de conocer a otro famoso escritor del cual nunca había oído hablar.

-Escribió “El fino Arte del Amor y otros cuentos cortos” también es el autor de “Un Dragón que viajo demasiado lejos” y uno de mis preferidos “El brujo”, me sorprende que no escucharan de él, aun que es cierto que su auge fue a principios de los ochenta.

-¿Y qué materia impartía?

-No me dirá que filosofía-dejo escapar Sam en tono burlesco

-No, realmente él era profesor de química, además de trabajar en la secundaria trabajaba en un laboratorio farmacéutico y era en sus ratos libres cuando escribía sus obras.

La lluvia parecía calmarse pero a cambio la tarde caía inclemente. Al salir de la escuela un grupo de jóvenes se reunía en el parque al frente de la institución rodeando lo que parecía el puesto de un vendedor ambulante.

Una curiosidad felina se apodero de Ann y no pudo evitar el cotillear aquel puesto que atraía a los jóvenes y no tan jóvenes de las cercanías: resulto ser un hombre que vendía y compraba libros usados a un buen precio.

Este se percato de la presencia de Ann y discretamente le pidió que esperara a que el resto de la gente se dispersara para poder charlar tranquilos, cosa que ocurrió rápidamente pues la gente al ver que no se trataba más que de libros se marchaba disgustada.

El dichoso puesto únicamente era una especie de carretilla techada repleta de libros, el hombre estaba sentado en una caja de madera llena también de libros, le ofreció a Ann un asiento similar repleto del valioso conocimiento del hombre.

-Tú te pareces mucho a una jovencita que conocí hace mucho, curiosamente estudiaba en este mismo colegio.

-¿En serio? No creía tener un rostro tan común.

-¿Cómo te apellidas?

-Smith, un apellido sumamente común.

-Ciertamente, pero creo poder hacer un poco de adivinación… ¿Tu madre se llama Lisa?

-¡Así es!-grito Ann sorprendida- Lisa Smith ¿La conoce?

-Se podría decir que si, entonces por lógica y matemáticas simples puedo deducir que tu padre se llama Garrett.

-Lo siento, esta vez fallo, mi padre se llama Anthony.

Entre dientes el hombre de cabello verde y traje blanco susurraba:

-Maldición, siempre creí que se casarían, ahora la pregunta es quien de los dos arruino tan bonita relación, si Lisa con su híper actividad o Garrett con su timidez.

Writer estornudo, miraba la fotografía que se había tomado muchos años atrás con su profesor y tutor preferido, desgraciadamente en la fotografía también aparecía su primer novia y por consiguiente su primer ex.

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