martes, 6 de mayo de 2014

Olvido

Lo que ellos llamaban Ubar no era más que las ruinas de alguna aldea, aunque las derruidas murallas que le rodeaban y las colosales paredes que aún servían de soporte para otras construcciones sugerían que en el pasado se había alzado un imponente castillo en la zona.

Ruinas salpicaban el paraje, habitadas por un puñado de extraños hombres, vestidos de la misma manera que Sahín. Aquellos que simplemente no deseaban, o no podían, dormir al resguardo de estas ruinas montaban tiendas de campaña, aprovechando la tela fabricada a partir de extrañas plantas que crecían en los escasos oasis en medio de los paramos.

Un par de casas aún conservaban la estructura original, con cuatro paredes, un techo e incluso puertas de acero o madera chapada. Estos eran los edificios más codiciados, aunque todos ya eran ocupados, transformados en una suerte de negocios que intentaban florecer en aquel extraño lugar.
Sahín era uno de estos afortunados mercaderes.

Su Caravanserai consistía en un enorme edificio de una sola planta, aunque bastante largo. Una gran parte del mismo estaba destinado a servir de almacén, mientras que un par de reducidos cuartos fungían como recepción y salas de estar del negocio.

No había decoración alguna en las paredes que parecían caerse a pedazos por momentos. Únicamente un par de muebles fabricados toscamente en la madera muerta de los árboles que habitaban en la región adornaban la estancia.

Sahín había llevado al extranjero hasta Ubar sin muchas dificultades, aunque le parecía que habían andado por horas. Una vez en aquel intento de ciudad lo condujo hasta esa habitación donde le invito a tomar asiento en un tapete blanco, fabricado con el pelaje de un animal.

-¿Te gusta Ubar Ellan?-Preguntó Sahín con curiosidad mientras rebuscaba en un mueble enorme, parecido a un armario.

-Es algo que nunca había visto sin duda...

-Los recién llegados como tú vagan sin rumbo por el páramo durante algún tiempo antes de que los hallemos... Agradece que fui yo y no un Gul o algo peor...

-¿Un... Gul?

-Tienes que acostumbrarte a nuestra lengua Ellan.-Le reprocho Sahín entre risas. Aunque su voz era profunda y amarga algo le permitía sonar afable cuando lo deseaba, como la voz de un padre al que se respeta.

-Los Gul solían ser hombres, como tú o como yo... Pero enloquecieron, quizá por el hambre o la soledad... Ahora vagan por el mundo buscando a otros hombres para devorar...

-Creía que habías dicho que este es el otro mundo.

-Es lo que es, o al menos es la conclusión a la que todos hemos llegado.

-¿Cómo puedes morir en la otra vida?

-Lo mismo me pregunto yo... Y seguramente se lo pregunten todos... Si mueres en esta vida ¿Qué sigue? ¿Otra-otra vida?

Sahín permaneció callado unos instantes, pensativo, aunque a los pocos segundos rompió ese silencio con una sonora carcajada.

Se giro para ver a su invitado. Sin la capucha demostraba ser un hombre aún más inusual: Su morena tez era del color de la canela, pero su cabellera corta era blanca, no como la de los ancianos, un blanco inmaculado. Todo esto solo resaltaba el color rojo de sus ojos.

Llevaba una barba de candado corta y fina, también de color blanco. Sus facciones le conferían una imagen ruda, testaruda y fuerte, pero sus ojos destilaban bondad a pesar de todo.

-Debes de estar hambriento, bebe un poco o te convertirás en un Gul.-Le repitió mientras le pasaba una botella fabricada en fino vidrio de color negro.

Su contenido era particular, como todo lo que existía en esta nueva vida. Un líquido amarillento, espeso y con un fuerte olor a humo, tal como el olor que rodeaba a Sahín. 

-¿Qué es?

-Estus... Una de las pocas comestibles que existen en este sitio...
En los páramos y el desierto habitan muchas bestias... Todas ellas podrían comerte si te descuidas... Y todas necesitan beber.
Hay unos Oasis en los páramos, pero el agua que hay en ellos esta estancada desde hace siglos; venenosa para nosotros, elixir para esas criaturas...
Pero, de vez en cuando, se hayan estas ciudades abandonadas, en cada región tienen un nombre distinto. Todas tienen algo en común: Pozos de Estus.
¿Quién las construyo? Quién sabe, y para ser sincero, no quiero averiguarlo.

Sahín dio un largo sorbo a su propio frasco, pues había gastado mucha saliva en la explicación.

-Comprendo... 

-¿Qué harás ahora Ellan? 

-No lo se... No tengo un propósito en esta vida... Sin sitio a donde ir o que hacer...

-Te propongo algo. Da vueltas por el Ubar, conoce a los habitantes, pregunta por mi.
Soy comerciante Ellan, viajo de Ubar en Ubar para intercambiar productos; aquí fabricamos muebles, ropa, cosas con pelaje y madera.

Te propongo un negocio: Acompáñame a mi siguiente viaje, si te gusta lo que ves puedes quedarte en ese Ubar, pero si es tu deseo puedes ser uno de mis trabajadores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario